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Opinión

Vive Latino como simulación de espacio alterno y su función como espacio de consumo

El «Vive Latino» llegó a ser con el paso del tiempo un negocio rentable haciendo una recaudación de 110 millones de pesos solamente en pago de boletos de entradas generales.

Diseño: Juan Pablo León

El 28 de noviembre de 1998 con Ernesto Zedillo como presidente de la República Mexicana, se llevó a cabo la primera edición del Vive Latino “Festival Iberoamericano de Cultura Musical” en el Foro Sol de la Ciudad de México, organizado por Ocesa una empresa dedicada al espectáculo y el entretenimiento que hasta la fecha se sigue haciendo cargo del mismo.

Surgió debido al auge que tuvo el rock en español durante la segunda mitad de la década de los 90, en varias entidades de México y debido a la masiva capacidad de convocatoria de conciertos no patrocinados y/o con fines sociales realizados durante esa década en instituciones de educación pública, como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), entre otras; que favoreció la atención y el interés de la industria del entretenimiento.

En ese contexto, el rock en español ya no solo tenía una demanda rentable de consumo discográfico y de difusión, sino que hacía posible la oferta comercial de un festival de música en vivo, atractivo para los inversionistas y patrocinadores que dieron lugar al evento y que a lo largo de los años se ha ido convirtiendo en un espacio de cultura de consumo. Los principales patrocinadores han sido MTV, Coca Cola, Movistar y la cervecería Cuauhtémoc Moctezuma, ahora cerveza Indio; permitiéndoles entre otras ventajas promocionarse a sí mismos, desde los preparativos previos al evento hasta la culminación del mismo.

A pesar de ser considerado como uno de los principales eventos de rock en español, con el paso del tiempo ha dado espacio a presentaciones de arte urbano como el grafiti, con muestras de toda Iberoamérica, y del tianguis cultural “El Chopo”, así mismo se introdujeron artistas de otros géneros musicales alternativos como el pop, jazz, música electrónica, rap y la llamada World Music (música del mundo), de igual manera han implementado espacios cinematográficos como la “Carpa Ambulante” organizado por el actor mexicano Diego Luna con una gira de documentales.

De Iberoamérica han participado bandas de países como México, Argentina, Chile, España, Colombia, Perú, Ecuador, Portugal, Panamá, Brasil, Guatemala, El Salvador, Uruguay; invitados especiales de países angloparlantes de Jamaica, Estados Unidos, Reino Unido y Australia; de países europeos Alemania y Francia, y países orientales como Japón.

Los últimos dos «Vive Latino», antes de que la pandemia por COVID-19 llegará a México, se realizaron el 16 y 17 de marzo del 2019 por la edición de los “20 años” y en el año 2020 se llevó a cabo el 14 y 15 de marzo, pese a las restricciones por el surgimiento del COVID-19. 

Ahora en el 2021 y después de más de un año con una pandemia global el evento no se ha cancelado, la nueva propuesta es continuar con la edición pero con modificación de nombre y espacio “Vive Latino España” ya que tendrá lugar en la ciudad de Zaragoza, España y está programado para llevarse a cabo el 10 y 11 de septiembre del presente año.

Su principal centro de distribución actualmente son las redes sociales como Facebook, Instagram, Twitter, a través de ellos se hace la publicación del evento, venta de boletos, publicidad, dudas y aclaraciones que mantienen al espectador atento a cada paso hasta la fecha de llegada propiciando así la cultura de consumo dentro del mismo, debido a que este tipo de eventos se mueven mediante los servicios de tecnología y globalización.

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  1. El primer filtro es la venta masiva de boletos y una división de clases económicas (boletos platino y boletos generales), lo cual llega a ser contradictorio debido a que la venta de los mismos se organiza por fases.
  2. La innovación tecnológica se hace presente en la “recarga VL” que consiste en adquirir pulseras con “dinero digital” para poder consumir bebidas, comida y todo tipo de accesorios de colección y edición ilimitada dentro del evento como colección de vasos desde 1998 con diseños creativos.

De tal manera que el mundo de los bienes y sus principios de estructuración  son fundamentales para comprender a la sociedad contemporánea. Ello supone centrarse en dos puntos: primero, en la dimensión cultural de la economía, en la simbolización y el uso de bienes materiales como comunicadores, y no solo como utilidades, es decir un valor simbólico; y el segundo, en la economía de los bienes culturales, en los principios de mercado de la oferta, la demanda, la comunicación, el capital, la competencia y la monopolización que opera dentro de la esfera de los estilos, los bienes y las mercancías culturales.

Por lo que el «Vive Latino» llegó a ser con el paso del tiempo un negocio rentable haciendo una recaudación de 110 millones de pesos solamente en pago de boletos de entradas generales, de tal forma  que hablar sobre sociedades de consumo, no solo es referirse a una actividad comercial sino que dicha actividad ejerce una influencia en el entorno cultural, y este entorno provoca estilos de vida, así como los estilos de bienes y servicios que consumen las personas, y que son retomados por los especialistas del marketing para promover sus productos de una manera más eficaz.

Con la creación del «Vive Latino» diversas bandas como Ska-p y el Tri pasaron de espectáculos alternos como los hoyos funky a eventos masivos, que en su momento se mostraron como un espacio alterno simulando lo que fue el Festival de Avándaro e invitando al tianguis cultural “El Chopo” mostrando bandas de contracultura, lo que llevó a personas de diferentes estratos sociales, culturales y nacionalidades estar juntas en un mismo espacio.

De tal manera que el «Vive Latino» es un evento en donde el espacio público  es de “la gran industria” pero es vendido y promocionado como un espacio alterno que ocupa como reforzador invitar a bandas de contracultura y actividades propias del mismo que termina por propiciar la cultura de consumo  de una ciudad global a través de la digitalización y globalización de servicios que hace más grande el negocio de las telecomunicaciones, en un espacio donde el público se convierte en masa.


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Fuentes
  • Irabu, R. A. (2000). El simulacro de las marcas de consumo. Amorrortu.
  • Berthier, H. C. (2013). Espacios culturales alternos  para los jóvenes de la ciudad de México. Flacso.

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