En el municipio de Zautla —anteriormente acechado por proyectos mineros y con una fuerte tradición de defensa del territorio mediante asambleas y un reciente ordenamiento territorial— las juventudes se están acercando a conocer, amar y defender su lugar de origen desde otras formas: el deporte, el barro, los textiles y la cultura
La nueva defensa del territorio: el deporte y la artesanía como arraigo
En 2012, el municipio de Zautla fue el epicentro de una lucha en defensa del territorio contra la minera china JD Minerals: asambleas, marchas, y una fuerte organización comunitaria lograron que la empresa se fuera del territorio y no destruyera los cerros ni acabara con el agua. La vida en el pueblo se conservó gracias a esa lucha.
Desde hace 43 años, en ese mismo municipio, el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural (CESDER) ha sido punto referente para la defensa del territorio en la región, constantemente amenazada por megaproyectos, como una concesión para explotar oro en Ixtacamaxtitlán, o las porcícolas de Granjas Carroll que contaminan los suelos y agua en Libres.
Pero hoy en Zautla se están abriendo nuevos caminos en esa lucha, que las generaciones anteriores no hubieran imaginado que acercarían a las juventudes a amar la tierra donde nacieron. Las y los jóvenes están creando iniciativas que se han convertido en otras formas de acercarse al arraigo y a la defensa del territorio: el deporte y el barro, el rescate de las tradiciones.
El colectivo Zautrails, dedicado a la bicicleta de montaña o downhill, empezó como un grupo de amigos amantes de la bicicleta que recorrían los cerros del municipio. Pero a través de arreglar los caminos, hacer brechas y cuidar el monte, han hecho comunidad con los dueños de los terrenos para proteger los árboles y limpiar la basura.
Notan Noyola, que en náhuatl significa “mi tierra, mi corazón”, es el taller de Edgar Franco Martínez donde él ha entrelazado los textiles tradicionales con la alfarería de barro, una actividad de una gran parte de San Miguel Tenextatiloyan, la comunidad de donde es originario. Para Edgar el territorio es el barro, una extensión de sus raíces, y a través de sus piezas se une y preserva su territorio.
Y aunque la generación que creció con las amenazas latentes de megaproyectos extractivistas no vea la recuperación de las tradiciones o el deporte como formas de defensa, poco a poco estas dos visiones están convergiendo para un fin común: cuidar el territorio.
Un pasatiempo que se convirtió en cuidado del territorio
Desde las montañas de la sierra norte en San Miguel Tenextatiloyan, Zautla, Puebla, existe un colectivo llamado «Zautrails», donde 4 jóvenes de la comunidad se organizaron e involucraron en su territorio partiendo de un pasatiempo que comparten en común: el ciclismo. Cristian Alexander Herrera Marín y su compañero Ian Hernández comparten que este colectivo surgió por el interés de explorar su bosque y territorio.
«Zautrails» ha restablecido veredas antiguas, limpiado el monte y hecho rampas donde antes circulaba la gente de la comunidad. Esto ha ayudado a que los jóvenes de Zautla también se puedan involucrar poco a poco en las faenas y en el conocimiento de sus caminos por donde ruedan con la montaña.
Este deporte -el ciclismo- lo ven desde otra perspectiva, como una forma de cuidar el territorio para que el bosque no sea talado y además ayudan a evitar incendios, realizando veredas cortafuego en las faenas, Desde el ciclismo y las acciones que realizan los jóvenes, parte la defensa del territorio y el arraigo de su identidad.
«Creo que algunos te tiran de loco que vas con tu bici y tu herramienta amarrada, ‘mira, ese no tiene nada que hacer en su casa’, pero pues tú encuentras un sentido como de pertenencia hacia el ambiente. Es algo que estoy haciendo por el ambiente y por la naturaleza.»
Ian Hernández
Las palabras de Ian expresa que hay otras formas de cuidar el territorio y posibilidades de involucrar a las juventudes. Cristian Alexander, mejor conocido como El Boli, comparte un sentipensar:
“Siento que es como también una forma en ¿qué queremos dejar en la comunidad? Porque pues lo veo yo ahorita como con todos estos niños, jóvenes o hasta personas ya más grandes que les comienza a llamar la atención este deporte, y pues que tienen la oportunidad de ya andar por lugares donde nosotros ya hicimos faena.”
Con estos testimonios de los compañeros ciclistas es importante recalcar que el amor por el territorio puede iniciar con un pasatiempo, y que también, conocer el territorio es el primer paso para defenderlo.




Zautla, un territorio en resistencia
El municipio de Zautla es el arco de entrada a la Sierra Norte de Puebla, un territorio de comunidades nahuas que alcanza los 20 mil habitantes. En este punto se comienzan a levantar las cordilleras áridas de la sierra, que en el año 2012 fue escenario de la primera organización comunitaria de la región contra el consorcio minero La Lupe, que pretendía instalarse en la localidad de Tlamanca.
En noviembre de ese año, los habitantes lograron expulsar a la minera china JD Minerals, gracias a un proceso de sensibilización que divulgó los daños ambientales y sociales que provocaría la actividad extractiva. Marco Comunidad Aguilar, asesor del CESDER, así lo recuerda: “Hubo una movilización muy fuerte donde vinieron escuelas, padres de familia, vino mucha población (…) un notario y un licenciado. Se levantó un acta en el que se le pedía a la mina que se retirara.”
Hubo una gran asamblea que juntó a todas las comunidades y ejidos del municipio, quienes en unidad eligieron dejar libre al territorio de actividad minera. El poder de la palabra se convirtió en acción y, sin esperar, ejidatarios, comuneros, mujeres, infancias y juventudes se movilizaron y expulsaron a los mineros.

Reunión de trabajo para elaborar el Ordenamiento Territorial de Zautla. Crédito: Archivo CESDER.
Vista de la comunidad de Tlamanca. Crédito: Grupo 3° año de la Especialidad de Comunicación Social Comunitaria.

El paso del tiempo y la presencia de procesos de defensa del territorio en la región, sensibilizaron a algunos sectores de la población para blindar el territorio a través de un modelo llamado Ordenamiento Territorial, un instrumento reconocido por la federación y el municipio para gestionar los bienes comunes con un enfoque comunitario y participativo. Esto, con el interés de hacer que el territorio esté libre de amenazas como la minería, lo que lo hace una herramienta política.
En palabras de Marco, quien también acompaña los procesos de educación popular con las juventudes del CESDER, las ventajas del Ordenamiento Territorial es generar distintas estrategias para aplicar acciones de restauración, preservación y conservación del territorio. También nos hace notar que el proceso en el que se encuentran es la devolución a las juntas auxiliares de los diagnósticos preliminares que se realizaron con la participación de la gente, incluyendo las juventudes.
“Estas iniciativas (…) como el Ordenamiento, es un instrumento legal y requiere pues un proceso que se vaya teniendo: reuniones de trabajo, asambleas, pues la participación de los jóvenes sí es importante, sí es interesante, sí se ve.”
Textiles en barro: mi tierra, mi corazón
En la comunidad de San Miguel Tenextatiloyan radica Edgar Adalberto Franco Martínez, un joven artesano que define el territorio desde una perspectiva más allá de lo geográfico: su enfoque se centra en la preservación de la cultura y el arraigo comunitario por las artesanías.
El territorio, dice Edgar, se vive a través de la alfarería y los textiles, elementos fundamentales que nos conectan con nuestra humanidad y comunidad. Para él, cada pieza artesanal es un reflejo de nuestra identidad y cultura. Así, al adquirir un producto hecho a mano, no solo estamos comprando un objeto, sino que estamos comprando una historia.
“El territorio se viste de orgullo cuando valoramos y defendemos nuestra herencia cultural. Pertenecer a una comunidad es un privilegio, y defender nuestro territorio es una responsabilidad que podemos asumir desde diferentes perspectivas».
También para el joven artesano, los textiles, con sus colores vibrantes y texturas únicas, nos envuelven y nos hacen sentir parte de algo más grande. Desde su visión, hacer las piezas de barro con los diseños de los textiles tradicionales, es una manera de compartir su territorio, y no sólo de preservarlo, sino de difundirlo y multiplicarlo.
“Cada pieza de cerámica, realizada con amor y dedicación por manos artesanas, nos nutre y nos conecta con nuestra historia”. Iniciativas como la de Edgar nos dicen que es hora de valorar y reconocer el trabajo de los artesanos que dan vida a estas obras de arte.
Y como dice el nombre de su taller Notan Noyola: Mi tierra, mi corazón.

“Defender nuestro territorio es defender nuestra identidad, abrazar nuestro color de piel, nuestro cabello y nuestras texturas. Es hora de celebrar y proteger nuestra rica herencia cultural.”
Edgar Adalberto Franco Martínez
Edgar Adalberto, alfarero de San Miguel Tenextatiloyan. Credito: Grupo 3° año de la Especialidad de Comunicación Social Comunitaria.
La importancia de transmitir saberes
Al igual que Edgar, otros jóvenes como Diana Hernández Baltazar y Elías Reyes Reyes han comprendido que su identidad está ligada a los saberes de sus ancestros.
“Ahorita estamos tratando de rescatar partes de nuestra cultura, aparte de nuestras tradiciones, que se están perdiendo”, dice Diana, de 31 años, originaria de la comunidad de Tlamanca. Ella considera que un obstáculo es que a las juventudes no se les toma en cuenta dentro de la comunidad, o no se tocan ciertos temas con ellos porque se asume que no les interesan.
Sin embargo, jóvenes como Elías, desafían esa creencia. Él es otro ejemplo de esta nueva dinámica en la que las y los jóvenes reconocen el valor del legado de las personas mayores y buscan formas de conectarse con su territorio, aunque no sea de las formas “tradicionales”.
Elías, un joven estudiante y campesino, encontró en talleres sobre plantas, suelos y abonos, a los que acudían mujeres mayores, una oportunidad para aprender de ellas: «Me ha gustado mucho siempre platicar con las personas más grandes, siempre son las personas que tienen muchos saberes».
El caso de Edgar es quizás el más simbólico. En su familia, el profundo conocimiento textil de su bisabuela —tejedora, hilandera, tintorera— y de su abuela —hilandera— estuvo a punto de perderse, saltándose una generación. Sin embargo, él decidió retomar la tradición. “Mi abuela fue quien me heredó este conocimiento en base a la forma del hilado, del trabajo en los textiles de la comunidad», dice.
Pero Edgar no solo preserva esos saberes, sino que innova, fusionando patrones textiles con la alfarería, demostrando que la tradición puede ser un lienzo para la creatividad de los jóvenes.
“Y cada joven, cada nuevo taller que se abre, es una visión distinta de la alfarería”, dice.
Dos miradas sobre la defensa del territorio
Para Marco, asesor del CESDER, es un reto hacer ver a los jóvenes la importancia de su involucramiento y participación en la defensa del territorio. A través de actividades como el deporte y las fiestas patronales, se busca que participen en el cuidado y protección de su tierra. Sin embargo, Marco identifica que existe un desafío: la falta de interés de algunos jóvenes en actividades productivas agrícolas.
Elías dice que es importante crear espacios de diálogo y participación, donde los jóvenes puedan compartir ideas y aprender de los mayores. Al involucrar a los jóvenes en la planificación y ejecución de proyectos comunitarios, se les da voz y se les hace sentir escuchados forma parte de la toma de decisiones. Además, considera, así como Cristian, y Edgar, que, desde otra mirada, el arraigo territorial, mediante un enfoque cultural, medioambiental y deportista, también forma parte de la defensa del territorio.
Y es que para preservar el territorio, conocerlo es clave.

Elías explica que anteriormente se realizaban talleres de sensibilización y conocimiento del territorio en la comunidad de Tlamanca por parte de la autoridad municipal; considera que sería bueno que volvieran a existir estos espacios, para ayudar a los jóvenes a despertar el amor y el orgullo por su tierra, por lo que les apasiona hacer.
Al recorrer y explorar Zautla, los jóvenes pueden entender mejor tanto los desafíos que tiene su comunidad, como las oportunidades que ofrece.

Los entrevistados concuerdan con la idea de trabajar juntos para que las nuevas generaciones se sientan orgullosas de su comunidad, y se involucren en su defensa. Al hacerlo, se puede garantizar la preservación de la cultura y territorio para las generaciones futuras.
Fomentar la participación de las juventudes
Diana formó parte de una asociación que en su momento se llamó “Luna y Tierra Nueva”, y comparte la importancia del involucramiento de las juventudes dentro de las comunidades. Ella formó parte de la lucha y resistencia contra las minas que se querían instalar en el municipio de Zautla en 2012.
Dice que el primer paso para que las juventudes sean parte de los procesos de defensa es que las personas adultas les involucren en los mismos.
Aunque la participación se ha fomentado desde las escuelas, faenas y reuniones, considera que en su comunidad, Tlamanca, ha sido un gran reto luchar contra los estereotipos de la sociedad hacia las juventudes.

Explica que hacen falta espacios de diálogo donde los jóvenes expresen sus intereses y sus objetivos hacia la comunidad; espacios donde sean visibilizados y escuchados, y que la defensa no sea sólo una lucha violenta, sino que se vea también como el cuidado de su propia vida y de la Madre Tierra.
Elías, quien también es de la comunidad de Tlamanca, mencionó que su involucramiento en su territorio ha sido por medio de faenas colectivas. Esto es un proceso muy significativo para él, porque es una forma de rescatar los saberes ancestrales, tradiciones, costumbres, historias y otras formas de sembrar una semilla en su familia.
Es así como la participación de los jóvenes en la comunidad de Zautla es desde diferentes ejes, y es muy importante para que en un futuro las nuevas generaciones puedan tener cargos comunitarios y seguir transmitiendo estos conocimientos –las formas de la organización, arraigo y resistencia–, a quienes están por venir.
Proyecto desarrollado por la Especialidad de Comunicación Social Comunitaria de la Licenciatura en Procesos Rurales Sustentables para una Vida Digna
Noviembre 2025
Investigación, redacción y producción:
Mareli Felipe Chino
María Guadalupe Enciso Batura
Isabel Ramírez Hernández
Fernando Martínez
Edición de textos:
Aranzazú Ayala Martínez
Apoyo en redacción y montaje:
Aranzazú Ayala Martínez
Mayela Sánchez García
Artemio Dionicio Peña
Publicado originalmente en: sites.google.com/view/periodismocesder?usp=sharing&pli=1
cesder-prodes.com
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