Aún recuerdo cuando mi papá nos llevaba a mis hermanos y a mí a la presa Luis Espinoza de los Montero. Muy temprano íbamos a cazar patos para comer, cuando los tirabamos al vuelo, teníamos que ir nadando a recogerlos. En aquel entonces el agua llegaba hasta donde afloran las piedras calizas más arriba de la actual ribera, desde allá también nos podíamos echar clavados” relata con nostalgia Daniel Rodríguez, arquitecto y vecino de Hueypoxtla, Estado de México.
Para Daniel, recuperar la presa, más allá de representar un viejo recuerdo, es un sueño posible. Podría reabrir si se suman voluntades entre las partes de la sociedad que ostentan la propiedad y permisos con esta vieja presa de 114 años. Ejidatarios de Jilotzingo, la recién creada Secretaría del Agua del Estado y la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), serían algunas de las principales instituciones implicadas para que esta visión pueda materializarse, apunta Rodríguez.
Construida a principios del siglo XX por encargo de Porfirio Díaz, el ingeniero Luis Espinoza, diseñó esta cortina de piedras en un terreno que se prestó para acumular grandes cantidades de agua, orografía y caudal que conectan con el Río Salado que nace en la Sierra de Tezontlalpan, muy cerca de Santa María Ajoloapan y Tianguistongo. Su barda alcanza 20 metros de altura y llegó a tener una capacidad de almacenamiento de treinta millones de metros cúbicos, según los hueypoxtlenses. Su forma es como la de todos los embalses artificiales del mundo, con forma de arco para contener mejor la fuerza del agua.
Al ser una obra pública de la época, está hecha con materiales de la región: rocas volcánicas y mortero de cal. Aunque muchos no lo saben en la actualidad, Jilotzingo y Santa María Ajoloapan, Hueypoxtla, fueron pueblos caleros junto con Tlapanaloya y Tequixquiac, ya que estos tienen afloramientos de piedra caliza cercanas a las grandes urbes precolombinas del centro del país: México-Tenochtitlán, Tula y Teotihuacan, según la antropóloga Vladimira Palma Linares. Es decir, no solo Apaxco, Atotonilco de Tula y Tula fueron lo únicos tribituadores de cal en el pasado.
No fue hasta la llegada de la industrialización que Apaxco y Atotonilco desplazaron a las comunidades de Hueypoxtla y Tequixquiac en la producción de cal en el norte de la cueca de México (Palma, 2009).
Según el arquitecto Daniel, la presa no ha retomado su esplendor porque en la década de los 40 ‘s hubo un temor de la población de que inundara la cabecera municipal. Este miedo, fue porque en otras comunidades del pueblo presas más rudimentarias se habían dañado por el agua. A la fecha, Hueypoxtla continua siendo uno de los municipios mexiquenses con afectaciones por lluvias y crecidas de ríos.
Su cercanía a la Sierra de Tezontlalpan y el nacimiento del Río Salado traen consigo mucha agua pero también peligro constante. Apenas hace un par de años hubo daños por agua en el Cerro del Sapo, Tezontlalpan y Santa María Ajoloapan donde a causa de las aguas se desbordan los ríos y otros embalses, algunas personas tuvieron que ser rescatadas en albergues temporales. Sin embargo, esta presa más moderna y planeada, podría ayudar a la escazes de agua en la región y en los cultivos. La sequía obliga a repensar si debemos o no retomar los depósitos de agua de nuestros ancestros como medida precautoria para la agricultura y el uso doméstico.
Otro de los motivos por los que se rechaza reabrir la presa, es que ejidatarios de Jilotzingo siembran sus parcelas de maíz y frijol en la ribera. Por otro lado, Daniel piensa que podrían restituir esas parcelas tierras más arriba y asegurar su sustento con la misma agua que se acumule, además de complementar esa actividad económica con otras actividades asociadas al agua y el camping: deportes acuáticos y tirolesas.

«La idea para que todos se beneficien, sin que sientan que pierden algo, sería que el gobierno y las secretarías del agua ayuden a dar los presupuestos, permisos y estudios necesarios para reabrir la presa y que los ejidatarios conformen una cooperativa que gestione los recursos para beneficio de ellos mismos. El resto de los hueypoxtlenses y pueblos vecinos tendrían un flujo constante de agua limpia y un lugar recreativo», señala Rodríguez.
Respecto a los servicios ambientales potenciales de la presa, aves migratorias y patos regresarían y los animales que ahí viven desde hace millones de años como los camarones renacuajo (triops), conservarían su hogar. En la presa y en los arroyos de Hueypoxtla aún viven acociles, triops y anfibios como ranas, tortugas y ajolotes.
Mientras tanto, Daniel Rodríguez, continua nadando en la Presa Luis Espinoza de los Montero cada año para demostrar que es posible realizar el sueño que él y otros hueypoxtlenses tienen desde hace tiempo.
Referencias
Palma Linares, V. (2009). Historia de la producción de cal en el norte de la cuenca de México. Ciencia Ergo Sum, 16 (3), 227–234. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=1041205700
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Comunista y consumista. Autodidacta y entusiasta del internet, comunicólogo por necesidad. Actualmente soy cofundador de la revistabrujulamx el único medio nativo digital de cultura en el nororiente del edoméx donde escribo de vez en cuando.


